Nº.4 pintor (1ªparte)
Paisajes
Es viernes.
Por la tarde.
Es viernes por la tarde y es, ya os lo estoy adelantando: una tarde tranquila.
Lo que se dice muy tranquila.
Me refiero exactamente a que es una tarde muy, muy tranquila.
Para que lo entendáis en su perfecta dimensión: Una tarde de viernes muy, muy, muy, muy tranquiiiilaaaa.
Y N.º 4 está aburrido.
No hay nada que hacer.
No hay conflictos que resolver.
No hay problemas que solucionar.
No hay peligros de los que haya que proteger a Ágata.

N.º 4 deambula por la casa aburrido y pensativo.
Sus pasos le llevan al jardín de la madre de Ágata.
Como ya sabéis tiene prohibido comerse las flores de este jardín.
Las mira con cierta nostalgia. ¡Son tan bonitas y coloridas! ¡Se las ve tan apetitosas!

Por ponerle un poco más de excitación a la tarde aburrida se acerca de puntillas a los tiestos. Mientras mordisquea unos tiernos pétalos de azucenas desalentado piensa que no ha encontrado la emoción que esperaba. La tarde está tan tranquila y hay tanto silencio…
Definitivamente este aburrimiento es de lo más insoportable.
De pronto escucha ruido en la habitación de Ágata.
N.º 4 se acerca a la ventana y mira dentro. Su amiga está preparando una mochila metiendo cosas en ella apresuradamente.

Mr. Churchill, echado sobre la alfombra, lame su pelaje y mira con elegante indiferencia al colorido monstruo.
— ¿Qué haces Ágata? — pregunta N. º4 mientras se traga el último pétalo.
— Quiero estrenar mi nuevo set de pinturas — dice mientras le muestra un maletín de madera — Quiero aprovechar la luz de la tarde para pintar un paisaje —
— ¿Pintar un paisaje? — pregunta intrigado N. º 4 saltando al interior de la habitación
— ¿Y dentro de ese maletín qué llevas? – N. º 4 está entusiasmado. ¡Al fin algo interesante!

—«El monstruo bosteza tirado en el suelo,
Mirando a la niña sacar los colores.
Yo invierto mi tiempo lamiendo mi pelo,
Y dejo el trabajo para los pintores»— murmura Mr. Churchill lentamente.
Ágata le muestra pacientemente el contenido: pinceles de varios tamaños, pinturas, paletas. A N. º4 le brillan los ojos al ver tantos colores. — ¿Y qué es pintar? ¿Qué es pintar un paisaje? — ¡Tiene un montón de preguntas!

—«El pobre gigante del arte lo ignora,
pregunta qué es eso de hacer un paisaje.
Contesta con calma mi joven señora,
a un bicho que es bueno, mas algo salvaje.»— filosofa el gato.
—Pintar un paisaje es como atrapar un pedacito del mundo en un papel usando colores. — le explica Ágata —
—¿Atrapar un pedacito del mundo en un papel? — N.º 4 está cada vez más intrigado.
Ágata sonríe divertida. Le encanta ver lo entusiasmado que está su monstruoso amigo.
A ella le encanta dibujar y pintar. Su madre, una artista con muchísimo talento y con gran fama por sus cerámicas y pinturas le ha enseñado las distintas técnicas, materiales y Ágata ha ido aprendiendo a dominar los distintos utensilios y estilos. Y ahora tiene la oportunidad de compartir lo que ha aprendido con alguien que parece muy entusiasta.
— Es dibujar y pintar lo que ves a tu alrededor, — le explica — como montañas, árboles, el mar, una ciudad o un parque, intentando mostrar cómo se siente ese lugar en un momento especial—
—¿Como el atardecer o un día de lluvia? — pregunta N. º 4.
Ágata coge un libro de la estantería, lo abre y le muestra cuadros pintados por Claude Monet, Caspar David Friedrich y su magnífico «El caminante sobre el mar de nubes» o los increíbles paisajes mediterráneos y playas de Joaquín Sorolla.
—«Le muestran las obras de un viejo maestro,
y el monstruo no puede dejar de mirar.
Yo dudo que el bicho sea un tipo muy diestro,
más ya se imagina que sabe pintar.»—
Opina el felino mientras menea la cabeza de un lado a otro.
N.º 4 está impresionado. Son obras maestras. El no entiende de obras maestras o de técnicas de pintura. Desconoce todo esto. Pero queda atrapado. Cada pintura parece hablarle.
Ahora mira como hipnotizado el libro. La imagen del cuadro que está mirando le emociona y se queda inmóvil observando. Es un paisaje nocturno con el cielo lleno de espirales, ondas y círculos amarillos.
Ágata le explica que es «Noche estrellada» una obra maestra de Vincent Van Gogh.
¡N. º 4 también quiere pintar paisajes!

— ¡Quiero pintar un atardecer! — exclama el colorido monstruo —Me encantan mirar atardeceres. ¡Y ahora voy a pintarlos! —
—Entonces tendremos que darnos prisa. — asiente la niña —¡La luz en este momento es perfecta! — y diciendo esto añade más papel y más pinceles al maletín para su amigo y salen los tres.

Mr. Churchill que en todo momento ha estado mirando a N.º 4 con una «media sonrisa» si es que es posible que los gatos sonrían, meneando la cabeza dice filosóficamente:
—«El monstruo camina contento hacia el prado,
pensando que es fácil usar el pincel.
Volverá a casa de verde manchado,
Y en vez del paisaje, se come el papel»—
Caminando rápidamente llegan al sitio que a Ágata le parece el más adecuado.
Desde la pequeña colina la visión de un paisaje bellísimo les conmueve.
N.º4, que no ha parado de hablar y preguntar durante todo el camino, enmudece absorto ante tanta belleza.
Sabemos perfectamente que le encanta ver los atardeceres. Pero este atardecer en particular tiene una belleza que corta la respiración y le acelera el corazón.
En el cielo el mullido blanco de las nubes se entrelaza con pinceladas de colores rojizos, naranjas y amarillos de un cielo que va dejando de mostrar su azul por colores más ocres, rojos y brillantes, mientras que las tonalidades verdes de los árboles se entremezclan delimitando el cielo en el horizonte.
Ágata prepara los lienzos y los caballetes para ambos y coloca detrás de N. º 4 un pequeño taburete desplegable. ¿Tal vez el monstruo colorido quiera pintar cómodamente sentado?

Ambos cogen pinceles y paletas.
Mr. Churchill se sube de un salto al pequeño taburete desplegable.
—«El monstruo se queda de pie, fascinado,
dejando el asiento mullido y vacío.
Que pinte la niña y el bicho pasmado,
el arte aburre, el descanso es lo mío.»— maúlla filosóficamente Mr. Churchill mientras se acomoda.

Ágata prepara su boceto sobre el lienzo en blanco y mientras observa el paisaje mezcla los colores sobre la paleta y va aplicando las primeras pinceladas. Su concentración es grande. Todo lo que la rodea deja de existir. Solo están el lienzo que se va cubriendo de colores, su pincel y el magnífico paisaje.
Hasta que lentamente, mientras observa, mide, mezcla colores y pinta, va tomando consciencia de un extraño sonido. Es como un quejido ahogado.
Deja de pintar y se gira. Ve extrañada a N.º 4 que no está pintando. Se ha sentado y como en trance está mirando el atardecer.

Un extraño bufido sale de debajo del monstruo. Ágata baja la mirada y ve a Mr. Churchill aplastado por el monstruo. El pobre gato, con los ojos enrojecidos que parecen salírseles de la cara, con un quejido agonizante le está pidiendo ayuda.
¡N.º 4 se ha sentado arriba del pobre gato!

Ágata logra rescatar a Mr. Churchill.

El maltrecho felpudo de ojos saltones dice mientras Ágata lo levanta en brazos:

—«Un triste destino me vuelve felpudo,
muriendo aplastado sin nada de honor.
Exhalo mi aliento con un rostro mudo,
y siento que pierdo mi viejo esplendor.
Escucha, mi niña, mi sabio consejo:
si ves a ese bicho ponerse a soñar,
retira la silla, lo dice este viejo,
que un peso gigante te puede matar.
De toda esta escena sacamos en claro,
que el arte es un riesgo fatal y traidor.
Te cuesta la vida, y sale muy caro,
dormir en la silla de un falso pintor»—.

Continuará...
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