N.º 4 pintor (3ra. parte)

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Esa tarde de miércoles, nublada, apacible y silenciosa, era perfecta para estudiar o dormir una buena siesta.

     Que era lo que hacían en ese momento Ágata y Mr. Churchill:  Mientras la niña, sentada frente a su escritorio, leía concentrada un montón de folios, el felino, acurrucado en su cesta, soñaba con anchoas y peces tropicales.

     De pronto: ¡SLAM! La puerta de la habitación se abrió con violencia. —¡Un concurso de pintura! —dijo agitado N. º4.

     Al abrirse la puerta se formó una corriente de aire que hizo volar los papeles de Ágata por el aire, los pelos del lomo de Mr. Churchill se agitaron y ambos levantaron sus cabezas alarmados.     

    —¿Qué pasa N.º 4? —preguntó la niña sobresaltada.

     —¡Un concurso de pintura, Ágata! —repitió el monstruo.

     Mr. Churchill, desde su cesta, mira con aburrimiento, se acomoda y sigue durmiendo.

    —¿De qué concurso hablas N.º 4?

     —De un concurso de pintura que he visto en un folleto — le explica— ¿Podría yo participar?

     —¿De qué concurso y de qué folleto me hablas N.º 4? —y le pide— Muéstrame ese folleto y te digo.

     —¡Voy a por él! —dijo, y salió rápido de la habitación cerrando con un portazo: ¡SLAM!

     Nuevamente el viento formado por el cierre de la puerta hizo volar los folios de la sorprendida Ágata. Los pelos del felino se menearon y él abrió un ojo somnoliento.

     A los pocos minutos se escucharon unas fuertes pisadas y… ¡SLAM! La puerta de nuevo se abrió con violencia. Ágata a duras penas logró atrapar un par de hojas y miró con resignación al resto volar por el aire. El gato en su cesta lamió su pelaje alborotado con parsimonia volviendo a dormirse.

     —Mira Ágata, aquí lo pone: ¡Concurso de pintura! —dijo tendiéndole el papel.

     La niña leyó cuidadosamente el anuncio— Sí, es un concurso de pintura. Y está organizado por una empresa, que extraño.

     —¿Y puedo participar? N.º 4 estaba muy ansioso— ¿Puedo?

     Ágata, señalando el anuncio, le aclara que es un concurso de pintura, el género artístico debe ser el retrato y él no tiene ninguna experiencia.

     —¿Retrato? —pregunta— ¿Qué es un retrato?

     Mientras termina de recoger los últimos folios del suelo le pregunta— ¿Sabes N.º 4 qué hacían las personas hace muchos años cuando querían tener un recuerdo de sí mismos o de su familia, pero no existían las cámaras de fotos ni los teléfonos móviles?

     —No. ¿Qué hacían?

     —¡Pedían a un artista que les hiciera un retrato! —le dice sonriendo.

     —Imagínate vivir en una época donde no existen los teléfonos móviles, ni los filtros divertidos, ni las cámaras digitales —continúa mientras termina de ordenar los folios recogidos— Si querías que el mundo (o tus tataranietos) supieran cómo era tu cara, no podías sacarte una foto rápida en el espejo. ¡Tenías que contratar a un artista para que te hiciera un retrato!

     N.º 4 se sienta sobre la alfombra y la escucha fascinado.

     —Un retrato es una pintura o dibujo que muestra cómo es una persona, —continúa la niña— concentrándose sobre todo en su rostro, su mirada y su expresión. Pero ojo, un buen retrato no es solo una «fotocopia» aburrida de una cara; es una obra de arte que cuenta la historia secreta de quién es esa persona, qué le gusta y cómo es su verdadera personalidad.

    —¡Fascinante! —exclama el monstruo.

     Mr. Churchill, abriendo los ojos, observa a N.º 4, mira hacia arriba meneando la cabeza y vuelve a acomodarse en su cojín.

     —En resumen: un retrato pintado es una imagen artística de una persona que intenta mostrar cómo es por fuera y, muchas veces, también cómo es por dentro. —termina de explicar Ágata.

     Saca un gran libro de un estante, lo abre sobre la mesa y le muestra los pintores más destacados en el arte de pintar retratos.

     Obras de Rembrandt van Rijn el maestro del claroscuro, el bellísimo retrato La joven de la perla de Johannes Vermeer y algunos retratos pintados por Edgar Degas, Paul Cézanne y Henri Matisse.

     Ambos se quedan observando fascinados “Mujer con sombrilla” de Claude Monet.

     —¿Pero un retrato no es la cara de una persona? —su amigo monstruo está muy intrigado.

     — No, N.º 4 —y le aclara— Un retrato puede ser también de cuerpo entero e incluso puede ser un grupo de personas.

     Pasando algunas páginas miran La Libertad guiando al pueblo de Eugène Delacroix y por supuesto Las meninas de Diego Velázquez, uno de los mejores retratistas

    —¿Quieres ver el retrato más famoso?

    —¡Si!

     Ágata pasa varias páginas— Esta es la Mona Lisa, el retrato más famoso y lo pintó Leonardo da Vinci hace casi 500 años.

     N.º 4 está impresionado. Y no es para menos: ¡el retrato más famoso pintado hace 500 años!

     —¿Y esos retratos hechos con pintura eran como las fotos de ahora?

     —Bueno, no siempre. —aclara— En cada época las artes tuvieron sus características y los pintores de retratos han seguido las del momento. —Busca en el libro un retrato y se lo muestra. Es Dora Maar de Pablo Picasso.

     —¡Pero la señora del retrato tiene los dos ojos en el mismo lado de la cara! —exclama extrañado N.º 4.

     No, º 4, es una interpretación del pintor según el movimiento artístico conocido como surrealismo. —le aclara.

    —¡Es increíble! ¡Cuántas posibilidades! —Piensa N.º 4.

     Mirando los cuadros de un loco pintor,

el monstruo descubre que el arte es torcido.

Me causa esta idea profundo terror,

si el bicho ya tiene muy poco sentido. —dice el gato.

     El monstruo está entusiasmado: ha decidido participar en el concurso.

     —Eso es imposible —le advierte ÁgataEl concurso es dentro de 3 días y tú no tienes ni práctica ni conocimiento alguno.

     A N.º 4 no le preocupa. Se va a encerrar para practicar.

     —Siento bullir el talento pintor dentro de mí. —afirma mientras se pone de pie y da estocadas en el aire con un imaginario pincel: ¡CHIS! ¡CHAS!

     —Practicaré y practicaré para liberar mi talento creador —asegura. Dando un giro, ataca con el invisible pincel un lienzo imaginario: ¡PLIS! ¡PLAS!

     Mr. Churchill, que con un ojo medio abierto había estado siguiendo la conversación con cierta indiferencia, se incorpora y observa al monstruo con los ojos como platos.

 

     Dando una última vuelta el monstruo se detiene y apunta al cielo con su pincel— No hay un minuto que perder. ¡Voy a empezar a practicar ahora mismo! —exclama decidido.

     Y diciendo esto sale dando un portazo: ¡SLAM!

     Los folios vuelan por el aire, pero a Ágata ya le es indiferente. Está petrificada mirando la puerta cerrada.

     Mr. Churchill vuelve a alisar lentamente los pelos de su lomo. Las catástrofes hay que recibirlas impecablemente peinados.

     El monstruo pintor se encierra durante tres días con algunos libros, pinceles, pinturas y lienzos que le ha prestado Ágata. No quiere que nadie le moleste.

     Ágata le lleva por las mañanas algunos pepinos para que su amigo desayune.

     Al tercer día se dirigen al sitio dónde se hará el concurso. Ágata también ha decidido participar. En parte porque le interesa y por otro lado para apoyar a su monstruoso amigo y para cuidar que no se meta en problemas. Recuerda perfectamente las dos experiencias anteriores.

     Mr. Churchill también ha decidido ir. No es que le interese la pintura, ni los retratos. Lo suyo es dormir y filosofar. Pero algo le dice que N.º 4 hará el ridículo y eso es algo que no se perdería por nada del mundo.

     —Al arte y la tela los dejo de lado,

prefiero el descanso y la dulce pereza.

Mas vengo a reírme del bicho pasmado,

mostrando al jurado su enorme torpeza. —ríe el felino.

     Al llegar ven extendido sobre la fachada del edificio un cartel enorme anunciando el concurso. Según el anuncio el concurso lo organizaba Bon-Bon Médicament una empresa farmacéutica francesa. Algo muy raro. Ágata le restó importancia.

     A medida que iban llegando los concursantes les hacían pasar y les asignaban sus sitios.

     Era una sala enorme y semicircular. En frente había una tarima con un asiento. Suponían que allí se sentaría la persona que los concursantes deberían retratar.

     Ágata vio a una mujer alta y delgada dar indicaciones con gestos nerviosos. En la placa que tenía sujeta en el pecho pudo leer: “Madeimoselle Janet Du Pravon de La Martinique – PUBLICISTA” – ¿Publicista? ¡Qué extraño! ¿Qué hacía una publicista dirigiendo un concurso de pintura?

     Se habían presentado 17 concursantes. Ninguno de ellos era conocido. N. º4 sonreía entusiasmado. Su retrato sería el mejor, estaba seguro. ¡Había practicado muchísimo!

     Se dirigieron al sitio que le habían indicado y comenzaron a preparar los utensilios de pintura.

     Mientras montaba el atril Ágata vio que un hombre se acerca a la mujer alta y le dice algo al oído. La mujer abre los ojos más y más a medida que escucha el mensaje.

     —¡Mon Dieu! —exclama la mujer— ¡La persona que haría de modelo no se ha presentado!

     Está desesperada— ¡Sacre Bleu! ¡No modelo! ¡No retrato! ¡No concurso! —exclama mientras se pasea nerviosa retorciéndose las manos. ¿Y ahora, qué harán?

     —¡C’est terrible! ¡C’est catastrophique! ¡Es el fin! —dice mientras se pasea.

     De pronto Madeimoselle Janet Du Pravon de La Martiniqués repara en Mr. Churchill.

     —¡Mais… regardez!¡Ese gato! —exclama señalando al gato— ¡Qué belleza! ¡Qué porte! ¡Que distinción! ¡Cuánta personalidad! —Mr. Churchill la mira boquiabierto.

     —¡Mirad la curvatura de este cráneo! ¡La elegancia de estos bigotes! ¡La armonía de esta cola larga, negra y peluda! —dice entusiasmada mientras va señalando los ‘atributos’ del sorprendido felino— ¡Quel équilibre!¡C’est fantastique!

     —La dama francesa de gusto exquisito,

admira mi porte, mi cola y mi faz.

Al fin reconocen que soy el gatito,

más bello, elegante y de porte sagaz. Mr. Churchill está muy orgulloso.

     —¡Este es el modelo que necesitamos! ¡Rápido, preparadlo y ponedlo en el taburete! ¡Inmédiatement! —ordenó.

     ¡Que empiece el concurso!

     A los pocos minutos Mr. Churchill estaba sentado enfrente de todos muy orgulloso. Con una pose de gran distinción y una mirada perdida en la lejanía como pensando cosas importantes.  

     Los concursantes totalmente concentrados comenzaron a bocetar, dibujar y pintar.

     Ágata echaba miradas furtivas a N.º 4.

     El monstruo multicolor era un auténtico espectáculo: medía con su pulgar al modelo con un ojo cerrado para luego bocetar sobre el papel con pequeños y rápidos trazos. Volvía a observar al gato y sacando su sonrosada lengua hacia un costado daba pequeños toques con su pincel alternando la vista del felino al papel de forma rápida y reconcentrada.

 

     En un instante se apartaba de su obra dando un paso atrás y apoyando un codo sobre la garra del brazo opuesto, sujetándose el mentón fruncía el ceño y con reconcentrada mirada estudiaba al gato sentado en el centro. Después de unos segundos levantaba el pulgar de su garra izquierda pronunciando un silencioso «¡Ah!» de nueva inspiración y volvía a dar toques rápidos con su pincel sobre el lienzo.

     ¡Qué gran artista se sentía! Esto es lo suyo: ¡El Retrato!

     Una vez acabado el tiempo suena un aviso y los concursantes dejan de pintar.

Madeimoselle Janet Du Pravón de La Martiniqués va de obra en obra observando y comentando.

     Pero a la mujer francesa no parece entusiasmarle ninguno. Ya ha visto casi todas las obras. Solo quedan la de Ágata y la de N. º4.

     Se detiene frente al retrato de la niña. La pintura parece interesarle. Hace comentarios en francés en voz baja y afirma con la cabeza. Parece que esta obra le convence más que las demás. En el cuadro se ve a Mr. Churchill pintado como un gran poeta declamando de forma histriónica. Terminada la revisión Madeimoselle Janet Du Pravón se aparta en silencio y sigue en dirección a la última pintura.

     Al llegar frente a la pintura de N. º4 la francesa sorprendida exclamó: ­— ¡Mon Dieu! ¡C’est magnifique! ¡C’est incroyable! ¡Que trazos! ¡Que expresión! ¡Qué mensaje!Madeimoselle Janet está entusiasmada— ¡Ah! ¡Esa mirada me llega al alma! Exquis. Incroyable. Magnifique. ¡Plus que parfait!

     —Como dijo el gran Van Dyck,

este retrato: ¡c’est magnifique! —exclama entusiasmada la francesa.

     Es el retrato ganador. Y levantándolo con aire triunfal lo muestra a todo el mundo

     El retrato de Mr. Churchill era terrible. O cuanto menos no dejaba de sorprender. Digamos que… para ser bondadosos era… ¡impactante! Era una mezcla de técnicas. Da Vinci, Picasso, Miró y el espíritu de un niño enrabietado de 4 años parecían disputarse el protagonismo en ese retrato insólito.

     En el retrato, el gato, sentado con un orgullo desmerecido por la caótica pintura, mostraba una sonrisa desdentada. Los ojos juntos miraban desde el mismo costado de la cara con desesperación, unos bigotes electrocutados enmarcaban la cabeza del gato que sonreía como una Mona Lisa con dolor de muelas.

     Muchos de los ahí presentes miraban incrédulos. Otros no podían contener la risa. Otros exclamaron un sonoro ¡Hoooo! Más de asombro que de admiración.

     El pobre gato estaba furioso:

     —¡Qué insulto tremendo a mi gran majestad!

Me ha puesto los ojos del lado derecho.

El monstruo no tiene piedad,

y deja mi orgullo en el suelo maltrecho.

     Ágata intentando no reírse se agachó para buscar algo inexistente.

     —Esta es la imagen que necesitamos para la publicidad de nuestro nuevo producto de la línea “Sané, sané, petit cul de rana” —dijo la francesa.

     —¡Ah! Ya me lo estoy imaginando: la imagen de este pobre gato moribundo acompañada del slogan:

 

     —¿Molestias en la parte trasera?

¿Acaso te pica el culito

y eso te desespera?

Escucha infeliz gatito:

 

Mira, ya no des pena

y cambia esa horrible cara

Usa Pompis Feliz Crema

¡Y adiós a las almorranas! —recitó la publicista con aire triunfal.

     Todos los allí presentes ríen divertidos: ¡JAJAJAJAJA!.

     Ágata tampoco puede contener la risa al ver por un lado el grotesco retrato que N.º 4 ha pintado de Mr. Churchill y por el otro el contraste de la alegría del monstruo y la indignación del pobre gato.

     El minino está muy, muy enfadado. Después de posar orgulloso ahora se siente humillado.

     ¡Van a utilizar su estrafalario retrato para publicitar una crema para las hemorroides!

¡Qué humillación!  

 

    —Mi rostro divino termina en un frasco,

curando las posaderas de un triste señor.

El arte moderno me causa un gran asco,

mi vida es tragedia, mi fama un dolor.

 

Escucha, mi niña, mi fiel advertencia:

no sirvas al bicho de hermoso modelo.

Requiere posar una inmensa paciencia,

y el premio es la burla tirada en el suelo.

 

La cruel moraleja de tanta locura,

es no ser vanidoso en ningún escenario.

Por darme mil aires con esta figura,

ahora anuncio pomadas de un vil boticario —gime tristemente Mr. Churchill.

Continuará...