N.º 4 pintor (2da. parte)

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Si bien es verdad que la tarde del viernes había terminado con el gato negro maltrecho; maltrecho e indignado, todo hay que decirlo; había resultado muy emocionante para el monstruo.

      Así que, después de desayunar un saludable pepino, fue a la habitación de su amiga.

    Mr. Churchill estaba muy tranquilo echado junto a la niña lamiendo su pelaje con su característica mirada de filósofo. El gato, al ver entrar a N.º 4, se levantó con rapidez y de un ágil salto se trepó al estante más alto de la biblioteca. Desde ahí, a salvo entre dos gruesos libros de historia, observaba al monstruo con desconfianza. ¡Ahí arriba nadie podría sentársele encima!

Busqué refugio junto a la lectura,

huyendo raudo de sus posaderas.

Prefiero ser un gato de cultura,

que estar planchado como vil estera.

 

Desde esta cumbre observo con cuidado

al monstruo torpe de apetito atroz.

Mejor de lejos y muy bien guardado

que ser alfombra de este ser feroz —filosofa el gato desde las alturas.

      ­Ágata, enfrascada en la lectura de un libro enorme, se sobresaltó ante tanto revuelo y, al ver al gato acurrucado allí en lo alto, se echó a reír.

      — ¿Qué estás leyendo, Ágata? —quiso saber N.º 4, que no se había enterado de nada.

      — Una Enciclopedia de la Pintura Abstracta —respondió ella mostrándole la tapa del voluminoso libro.

      — ¿Abstracta? —dijo abriendo los ojos y levantando las cejas— ¿Qué significa esa palabra? —quiso saber.

El gran gigante de la mente escasa,

se vuelve loco con la nueva idea.

El arte abstracto ya llegó a la casa,

y es un peligro, aunque él no lo vea.

 

Pregunta el bicho por el arte abstracto

frunciendo el ceño con total doblez.

Yo solo pido, como firme pacto,

que no me aplaste con su insensatez. —se mofa el gato.

      —Abstracto se refiere a algo que no podemos tocar, ver ni coger con las manos, pero que podemos pensar, sentir o imaginar. —le explicó con paciencia a su colorido amigo— Y lo contrario serían las cosas concretas, las cosas que puedes tocar o percibir con tus cinco sentidos.

      — Por ejemplo —continúo la niña— dime, qué desayunaste hoy N.º 4.

      — ¡Un rico y saludable pepino! —respondió.

     — ¿Y tú pepino del desayuno qué sería? ¿Algo concreto o abstracto? —le puso a prueba la niña.

     —Algo concreto —aseguró con firmeza N.º 4Porque lo cogí con mi garra y, además, estaba tierno y jugoso —añadió.

Habla orgulloso del pepino amado,

diciendo ufano que es un bien concreto.

Ante su brillo yo me quedo helado,

pues su intelecto es un total secreto.

 

Su gran cerebro piensa en el pepino,

y cree que entiende la lección de arte.

Yo dudo mucho de su desatino,

si el hambre ataca, la razón se parte.dice el gato meneando la cabeza.

      — Correcto. Y ahora dime el nombre de algún amigo —preguntó ella.

      — ¡Mr. Churchill! —aseguró mirando hacia la estantería donde estaba el gato escondido— Aunque a veces apoye ligeramente sobre él mis elegantes y coloridas posaderas —añadió con un poco de pena.

      El gato negro le miraba con los ojos entrecerrados poniendo en duda tal declaración. Sus magullados huesos decían lo contrario.

Me nombra amigo con la voz serena,

tras aplastarme contra la baldosa.

Mi pobre espalda todavía suena

y nuestra charla me resulta odiosa.

 

Me nombra amigo con total descaro

después de hundirme sin tener piedad.

Que soy concreto lo tenemos claro

mas mi columna llora de verdad.

      Ágata, intentando contener la risa le preguntó al monstruo: ¿Y de qué color es la amistad, N.º 4?

      El monstruo no supo qué responder.

      — No puedes responder con un color exacto, porque la amistad no es un objeto. Es una idea y un sentimiento. Por eso decimos que es abstracta. —explicó Ágata.

      Y la niña le dio a su monstruoso amigo la siguiente explicación:

      — En resumen: algo abstracto es algo que existe en nuestras ideas o sentimientos, pero no como un objeto que podamos tocar.

      Si yo te digo la palabra manzana, ¿puedes meter una manzana en una caja? ¡Sí! Puedes verla, tocarla, olerla y morderla. Las cosas que puedes tocar o percibir con tus cinco sentidos se llaman cosas concretas.

      Pero, ¿qué pasa si te digo la palabra alegría? ¿Puedes atrapar la «alegría» y meterla en una caja? No. Puedes ver a un amigo sonriendo porque está alegre, pero no puedes tocar «la alegría» en sí misma con tus manos.

      Las cosas abstractas son exactamente eso: ideas, sentimientos o conceptos que existen en nuestra mente o en nuestro corazón, pero que no tienen un cuerpo físico que podamos tocar ni guardar en un cajón.

      N.º 4 escuchaba con muchísimo interés imaginando cosas abstractas.

      —La pintura abstracta es lo mismo N.º 4.

      Y abriendo el gran libro que sostenía le mostró obras de Wassily Kandinsky, Kazimir Malévich conocido por obras radicales como el Cuadrado negro y las bellísimas pinturas de Hilma af Klint la verdadera pionera del arte abstracto.

      Uno de los cuadros le llamó la atención a N.º 4 y se quedó hipnotizado mirando la página

      Al ver que no decía nada, Ágata le preguntó: ¿Qué te parece esta pintura?

      A lo que el abstraído monstruo tardó en responder. 

      — Es algo extraño lo que siento —confesó en un murmullo mientras sus ojos enormes y azules miraban fijamente el cuadro— Solo veo líneas negras y doradas y salpicaduras de pintura que no representan nada. Pero no puedo dejar de mirarla.

      —¡Claro! Es una obra de Jackson Pollock y está considerada una obra maestra de la pintura abstracta.

Mira los trazos que no dicen nada,

y su cerebro sufre un gran delirio.

Tiene la vista muy hipnotizada,

presiento cerca un fatal martirio.

Contempla el cuadro de un pincel manchado,

y siente cosas que no sabe explicar.

Se queda el monstruo de quietud pasmado,

pensando, iluso, que él sabrá pintar. —murmura Mr. Churchill desde su refugio.

    — ¿Y sabes cómo se llama esta pintura? —preguntó la niña. Y sin esperar a que N.º 4 dijera algo le respondió: ¡Se llama N.º 5!

    — ¡¿N.º 5?! —Exclamó maravillado— Entonces… si esta pintura se llama N.º 5 ¿Hay una pintura que se llame N.º 4? —preguntó.

      —¡Claro! —respondió ella. Dando vuelta a la página señaló la pintura siguiente y le dijo sonriendo: Te presento a la pintura N.º 4 de Jackson Pollock.

      ¡N.º 4! ¡Hay una pintura famosa que se llamaba como él!

      —Jackson Pollock pintaba estas obras con una técnica llamada técnica del goteo. —le informó ella.

      — ¿Técnica del goteo?

      — Sí. También conocida como ‘dripping’. —le explicó con paciencia— Consiste en pintar sin tocar el lienzo con el pincel.

      — ¿Sin tocar con el pincel? —preguntó intrigado— ¿Cómo es posible pintar sin tocar el lienzo con el pincel?

      — Verás, Jackson Pollock en lugar de usar la punta del pincel, dejaba que la pintura cayera, salpicara y goteara libremente sobre el cuadro —Al ver a su monstruoso amigo mirarla asombrado y pendiente de lo que decía, sonrió y le preguntó: ¿Sabías que Pollock bailaba mientras pintaba?

      —¿Qué bailaba mientras pintaba? —¡Eso era asombroso!

      —Sí, el artista se movía alrededor de la pintura por todos lados, moviendo los brazos para lanzar hilos de colores, gotas y manchas. —le explicó sonriendo— Por eso a Jackson Pollock lo llamaban cariñosamente «Jack el Salpicador» —le informó— Porque terminaba con los zapatos y la ropa llenos de pintura.

Pintar bailando sin usar las manos,

lanzando gotas al papel sagrado…

Esos inventos son de seres vanos,

y por el monstruo ya estoy asustado.

 

Le cuentan que el artista daba saltos

tirando el óleo sin usar pincel.

Mi niña no le des ideas a un bicho chalado,

presiento un drama sobre el vil papel. —aconsejaba el felino moviendo la cabeza.

      N.º 4 estaba maravillado. Un pintor que bailaba mientras pintaba. O pintaba mientras bailaba. Sonaba muy divertido.

      Es una forma de arte muy divertida porque el pintor se mueve alrededor del lienzo y baila mientras crea.

      — ¡Yo también quiero bailar y pintar! —sus grandes ojos azules brillaban de entusiasmo y determinación.

      Ágata le miró divertida: N.º 4 estaba maravillado. Le parecía fantástico que este monstruo tan particular se interesara por el arte con tanto empeño y fervor. Una faceta novedosa que le parecía muy curiosa y también entrañable.

      Así que se puso a preparar lienzos, pinceles y material para los dos.

Mientras miraba preocupado el gato sentenció:

La dulce niña le prepara el lienzo,

ríe inocente de su gran pasión.

Yo mis plegarias con dolor comienzo,

pues nos dirige a la perdición.

 

La niña ríe de su gran locura,

y busca lienzos para el gran señor.

Fomenta en vano la fatal pintura,

creyendo ver a un genio creador.

      N.º 4 que había desaparecido volvió a los pocos minutos con un reproductor de música.

      Mr. Churchill y Ágata le miraron sorprendidos.

      —Para bailar con música —aclaró al entrar.

      Ágata se encogió de hombros y cogiendo parte del material, le señaló a N. º4 con el mentón lo que aún faltaba por recoger— Coge ese material y vamos fuera para poder pintar con más comodidad.

      Y una vez fuera: ¡Además, hace un día magnífico! —dijo sonriendo.

      —Sí, siento que por mi interior se mueve inquieto el artista que lleva esperando mucho tiempo revelar su genio —aseguró entusiasmado N.º 4.

      Mr. Churchill no daba crédito a lo que escuchaba.

      Ágata distribuyó los caballetes y repartió pinceles y colores.

      Mr. Churchill, atendiendo a su aplastante experiencia recién aprendida, se sentó al lado de Ágata y puso mucho cuidado de quedar fuera del alcance de las posaderas de N.º 4.

     —¿Qué vas a pintar N.º 4? —quiso saber la niña.

     —Lo he estado pensando y he decidido que voy a pinatar… ¡EMOCIONES! —dijo mientras sus ojos grandes y azules brillaban de entusiasmo.

     Presionó un botón del reproductor de música y una melodía alegre y pegadiza comenzó a sonar. N.º 4 había escogido como fondo musical para pintar “La gallinita picotona” del famoso grupo “Las Desplumadas”.¡Había sido el hit del verano! Si habéis leído el libro El Monstruo N.º 4sabréis de lo que hablo y podréis entender la sorpresa de Ágata y Mr. Churchill.

Pone la pista de la gallinita,

y da mil vueltas con un gran pincel.

Ver cómo salta, ríe y cómo grita,

me hace temblar debajo de mi piel.

 

Con ritmo absurdo de gallina loca,

agita el bicho sus enormes brazos.

A los demonios mi terror invoca,

al ver al monstruo repartir manchazos. —sentenció Mr. Churchill mientras retrocedía desconfiado.

      —¡Sí, emociones! —exclamó—¡Ah! Ya siento la inspiración fluir por mis peludos y coloridos brazos y correr por mi pincel lleno de la rutilante pintura. ¡Dejad que la pintura hable, que las manchas expresen, que las salpicaduras revelen! — y girando alrededor del lienzo y haciendo molinos con los brazos ejecutaba una danza estrambótica.

      Ágata y Mr. Churchill lo miraban estupefactos.

Siente al artista que por dentro late,

y el campo entero va a sufrir la furia.

El pobre bicho montará un combate,

y el arte abstracto sufrirá penuria.

 

Dice que un genio por su piel camina,

y siente el arte a punto de estallar.

Si su talento pronto no termina,

el campo entero lo va a destrozar. — el gato intuía un final fatal.

      La música sonaba alegre y estridente.

      Con cada compás el monstruo mojaba en pintura el pincel y con un repentino giro y vaivén hacía ‘restallar’ la punta del pincel sobre el lienzo. Las gotas de pintura salían proyectadas y trazaban sobre el blanco lienzo manchas y churretones en todas direcciones. El monstruo arqueaba su espalda proyectando su prominente barriga coincidiendo con el siguiente compás de la alegre música y vuelta a mojar pincel, girar y salpicar.

      Por momentos giraba como una peonza. Luego se detenía en seco y, con un movimiento de cadera de dudosa elegancia, levantaba el pincel observando con los ojos entrecerrados el progreso de su obra. Seguidamente arrancaba con nuevo ímpetu describiendo curvas, giros y revoleo de brazos.

      La pintura salía disparada en todas direcciones. Chorros de amarillos intensos salían proyectados, rojos y bermellones disparaban flujos de pintura sin control. Pronto todo estuvo cubierto de azules, añiles, naranjas y amarillos. Pero la mayoría eludía, por una razón desconocida, la superficie del lienzo y cubría con la más caótica mezcla de pinturas todo lo que había alrededor.

      Llegó un momento en el que había más pintura sobre el gato y la niña que en el lienzo del enloquecido monstruo.

      Ágata y Mr. Churchill, petrificados, recibían los coloridos chorros que salían proyectados del pincel del particular artista mientras lo miraban con ojos como platos, hipnotizados por tanta locura.

      Ágata, ya harta de tanta tontería, apagó con violencia el reproductor de música, y ambos, gato y niña, cruzados de brazos y el ceño fruncido, fijaron sus ojos sobre N.º 4 con auténtica mirada asesina.

      Ante el silencio repentino, el monstruo de colores dio un último giro, ahora más lento, arqueó la espalda con los brazos en una pose dramática y se quedó estático mirando al par que le observaba con unos peculiares ojos inyectados en sangre.

Mi suave lomo terminó pintado,

parezco un lienzo de color festivo.

Mi ser oscuro ha sido profanado,

y milagrosamente sigo vivo.

Escucha, niña, mi severo aviso:

si el monstruo salta presa de la danza,

escapa pronto de su compromiso,

pues su pincel es una gran venganza.

 

La técnica libre es trampa oscura,

que esconde manchas y desolación.

Dejemos ya la trágica pintura,

y quema pronto la letal canción.

 

Mi negro luto se volvió un muestrario,

cubierto entero de color brillante.

Morir manchado en este vil calvario,

es el triste final del tolerante.

 

Escucha bien mi sabio testamento:

jamás le enseñes a lanzar pintura.

Si el monstruo baila con gran sentimiento,

te cubrirá con su fatal locura.

 

La moraleja es clara y evidente:

el arte abstracto es una cruel tortura.

Conviene huir corriendo entre la gente,

si un gran gigante juega a la pintura.

Continuará...